La iglesia de Satán....Anton LaVey
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Sobre este título
En la penumbra de San Francisco
donde el humo del órgano se elevaba
como un experimento alquímico,
nació un hombre vestido de negro
con la mirada de quien observa
los engranajes ocultos del alma humana.
Anton LaVey,
no invocaba demonios del infierno medieval,
sino los demonios interiores
que la ciencia llama instinto,
y que la religión teme nombrar.
Entre velas, símbolos y silencio
fundó una iglesia sin cielo,
un templo donde el hombre
se miraba al espejo
y descubría que el dios más cercano
latía dentro de su propia sangre.
Mientras los laboratorios medían la materia
y los telescopios exploraban galaxias,
LaVey exploraba otro universo:
el de la voluntad humana,
oscuro como un agujero negro,
pero brillante como la rebeldía.
Decía que el pecado era un mito
y que el deseo era una ley natural,
como la gravedad
o la combustión de las estrellas.
Así caminó entre la ciencia y la brujería,
entre el teatro y el ritual,
como un alquimista moderno
mezclando psicología, provocación
y el viejo arte de desafiar a los dioses.
Y cuando su voz se apagó en 1997,
no dejó cenizas de fe,
sino una pregunta flotando en la noche:
Si el universo es indiferente…
¿quién decide lo que somos?
Tal vez,
en algún rincón oscuro del pensamiento humano,
LaVey aún sonríe,
como un científico de las sombras
que descubrió
que el verdadero ritual
siempre fue conocernos a nosotros mismos.